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El cambio climático necesita de la Argentina

 Vino, amagó y fracasó cuando vio que los otros diecinueve países no iban a permitir sus delirios climáticos.
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Oscar Soria para Clarín | 

08.08.2017 12:13 |  Vino, amagó y fracasó cuando vio que los otros diecinueve países no iban a permitir sus delirios climáticos. El intento del presidente estadounidense Donald Trump de renegociar el acuerdo de París para enfrentar la crisis climática resultó en un fracaso que lo ha aislado aún más del mundo. En cambio, el resto de los países del G20 dieron un mensaje contundente, al indicar que el acuerdo de París es “irreversible”. Y como si ello no fuera poco, los 19 países firmaron un plan de acción para hacer la transición hacia energías limpias y renovables.
 
Pero la guerra diplomática internacional por el clima no ha terminado. Y la Argentina, que hereda de Alemania la presidencia de las 20 economías más importantes de la Tierra, tiene ahora el deber de mantener la orientación acordada la semana pasada en Hamburgo. El presidente Mauricio Macri deberá elegir entre seguir el consenso internacional o ceder frente a las presiones diplomáticas de Washington.
 
La Argentina está dando señales de avance en la adopción de las energías renovables: todo indica que el plan “Renovar” está en camino a cumplir con sus objetivos de cubrir para el 2025 un 20% de la matriz energética con fuentes renovables. Y un proyecto legislativo consensuado entre Cambiemos, el Frente para la Victoria y el Bloque Justicialista, orientado a regular la distribución de la energía renovable, está a punto de ser aprobado en el Congreso. A esto se le agrega que la Argentina ha venido expresándose a favor del combate al cambio climático y apoyando declaraciones e iniciativas en esa dirección.
 
Sin embargo, el liderazgo climático no solo se define en el lenguaje diplomático: hay que actuar en casa si existe real voluntad política. Los proyectos de Vaca Muerta o Río Turbio deberían revisarse. Es un contrasentido, asimismo, el ignorar las distorsiones de los subsidios a los combustibles fósiles. Como también lo son las inversiones en la costosa energía nuclear, tecnológica incompatible con el pujante sector de las energías renovables, cuya capacidad de generar empleos sigue creciendo.
 
Además, el Gobierno tiene otro frente en el combate al cambio climático: la destrucción de nuestros bosques nativos sigue siendo una de las principales causas de las emisiones de dióxido de carbono por parte de la Argentina. Los expertos indican que la alarmante tasa de deforestación, que ya mismo está causando conflictos sociales y desastres naturales, necesita reducirse a cero en forma urgente. La última cumbre del G20 podría ser una excelente oportunidad para que los partidos mayoritarios abandonen la política extractivista de Estado “de facto” que se viene dando en forma ininterrumpida desde el gobierno de Carlos Menem. Nadie toma petróleo, nadie come oro, ni nadie respira dinero. Sin equilibrio ambiental, no hay economía ni sociedad que aguante. El liderazgo de la Argentina en el G20 puede ser una oportunidad para todos los partidos políticos en repensar el futuro y, desde el Sur, marcarle al mundo un Norte diferente.
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