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Antártida: una política para la conservación

Como todos sabemos, la política también está hecha de gestos, y eso fue ante todo la visita de la Canciller Malcorra a suelo antártico.
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Mariano Aguas para Clarín | 

17.01.2017 09:17 |  Como todos sabemos, la política también está hecha de gestos, y eso fue ante todo la visita de la Canciller Malcorra a suelo antártico.
 
Con la visita a la base científica Carlini dependiente del Instituto Antártico Argentino da la sensación que el gobierno está diciendo varias cosas.
 
Primero, más allá de diferencias en la implementación existe una política vertebrada en una tradición centenaria de nuestro país respecto de la Antártida en cuanto a presencia y protagonismo. Recordemos que la República Argentina es miembro fundador del Tratado Antártico, marco legal internacional para las actividades en suelo antártico; de hecho su secretaría está ubicada en Buenos Aires.
 
La presencia de la Canciller debe ser leída entonces como un gesto de alta consideración política.
 
Segundo, más allá de algunas suspicacias, la visita a la base chilena Frei refuerza el acercamiento y la convergencia entre la Argentina y Chile en lo concerniente a la política antártica, continuando un sabio rumbo tomado en administraciones anteriores, lo cual pone de manifiesto una política de Estado, algo inusual en nuestro país salvo honrosas excepciones.

Al respecto recordemos que Argentina y Chile comparten la responsabilidad en materia de rescate y seguridad en la navegación en la región de la península antártica, la zona más visitada por el turismo, y de las que mayor concentración de bases presenta.
 
Tercero, expresa un compromiso del gobierno, a través de la Cancillería, en priorizar y sostener la acertada política de ganar legitimidad y prestigio internacionales a través del desarrollo de actividades científicas. Al respecto la ministra expresó la importancia de la profundización y la expansión de dichas actividades tendientes a expandir el conocimiento sobre el continente y sobre su compleja interacción con el resto del planeta. O sea, ¿cómo “funciona” la Antártida?, ¿cómo el cambio climático la está afectando? y ¿cómo todo eso afecta y afectará nuestra propia calidad de vida?
 
Desde este punto de vista se abre una oportunidad altamente auspiciosa para el desarrollo de instrumentos que refuercen dicho curso político orientado al conocimiento y conservación de ecosistemas de altísima complejidad como el antártico y de su impacto sobre nuestra existencia.
 
A este punto el amable lector se preguntará qué tiene que ver la “salud” del ecosistema antártico con nuestra calidad de vida. Bueno, según los que saben y dedican su vida al estudio de estos menesteres, la relación es fluida y muy compleja.
 
El cambio climático, el uso irresponsable de recursos marinos (como la sobrepesca del kril y otras especies), o un turismo no organizado y bien regulado, conforman o pueden conformar una combinación muy compleja que afecte no sólo a la salud del mar antártico, sino también y por su conexión al mar argentino, a nuestra “Pampa Azul”…..
 
Es por eso que la búsqueda y el desarrollo de conocimiento científico sobre Antártida representan un tema de alta importancia política no sólo para un gobierno, sino para toda la sociedad argentina. Desde esa perspectiva, este paso es auspicioso.
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