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Prat-Gay ya no está: quedan los problemas con la economía

Es obvio que aún con Alfonso Prat-Gay fuera de las decisiones, la economía seguirá su propia lógica. 
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Alcadio Oña para Clarín | 

28.12.2016 14:16 |  Es obvio que aún con Alfonso Prat-Gay fuera de las decisiones, la economía seguirá su propia lógica. Por ahora, sin mostrar verdaderas señales de vida.
 
Pese a la oposición del ahora ex ministro, Mauricio Macri cerró el debate sobre el aumento de los combustibles: viene 8% en enero, el primero de una serie corta que pondrá fin al congelamiento. Es una apuesta a las inversiones petroleras, aunque sobran dudas de que con eso alcance.
 
Muy cerca llegará otro del orden del 35% para la electricidad consumida en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Y probablemente, dos en las tarifas del gas de todo el país que juntos redondearían un porcentaje similar o mayor al de la luz.
 
Resulta un exceso suponer que los precios van a moverse alrededor del 30-35% de las tarifas, pero algún deslizamiento habrá y comprometerá la ya muy exigente meta inflacionaria anual del 17% fijada por el Banco Central.
 
Entonces puede tocarle hablar al jefe del BCRA, y en el idioma que Federico Sturzenegger que mejor conoce: el de la política monetaria. Si mantiene la metodología, a un deslizamiento de los precios debiera corresponderle una suba de las tasas de interés. Y a una suba de las tasas de interés, cierto impacto sobre la reactivación económica.
 
Es una simplificación enorme decir que todo tiene que ver con todo. Aunque la suma de tarifas, ajustes ya previstos en tasas municipales, efecto precios en la medida que sea y repliegue del consumo no sería precisamente un buen cóctel.
 
Sería en realidad un cóctel dos veces complicado. Pegará en el humor de la gente y quizás estimule comportamientos defensivos. Añadido, va el riesgo de sacudir las aspiraciones políticas del macrismo.
 
Suena evidente que el Gobierno deberá decidir por cuál camino tomar. “Y pronto, en enero o febrero”, dice un consultor.
 
Visto a través de la economía este año no tuvo segundo semestre, y el primero, mejor olvidarlo. Datos muy frescos cuentan que en términos reales, como a Sturzenegger le gusta medir las variables, en octubre las ventas en supermercados cayeron 11% y un notable 19% las de los shoppings.
 
Más del mismo frío y ya de noviembre, las ventas en comercios medianos y chicos reportadas por CAME cantan caída del 8,5%. Y un informe del INDEC revela que en el tercer trimestre el PBI, o sea, la actividad económica, retrocedió 3,8%.
 
Desde ahí partirá el año que viene y esta será, al fin, la empinada cuesta a remontar. ¿Alcanzará con el despido de Prat-Gay?
 
Va ayudar la estadística, porque meses y trimestres serán comparadados contra los bajos registros de 2016. Los nuevos números pueden sonar auspiciosos, solo que la población no se la pasa relojeando estadísticas: actúa según le vaya, muy concretamente.
 
¿Y cómo ve el panorama?, le preguntó Clarín a un ex ministro de Economía.
 
Respuesta: “Empujarán la obra pública, la construcción y el agro, pero bastante poco el consumo. Además, un Brasil en crisis puede mover apenas o nada el amperímetro”.
 
¿Y entonces?
 
Respuesta: “Entonces, no veo mucho más que un rebote. Un crecimiento en el orden del 3%, modesto viniendo de donde venimos”.
 
Según su interpretación, si la economía sólo acompaña hasta ahí, el Gobierno debiera jugarse a las motivaciones. “A las esperanzas, las expectativas y al futuro que una fuerza como Cambiemos puede alentar”, dice.
 
En una línea parecida opina un analista político: “Al carecer de un plan integral que oriente expresamente el rumbo, Macri tendría que evitar las improvisaciones y dejar de sembrar la impresión de que corre las cosas desde atrás”.
 
Macri acaba de despedir a Prat-Gay y en el mismo acto agregar otro ministerio a la cadena que ya existía sólo en el área económica. Duda obvia: ¿será más sencillo coordinar ahora lo que antes costaba coordinar?
 
Hay en este juego una variable ciega, independiente, llamada Donald Trump. Y lo es, entre otras cosas, porque al compás de sus decisiones bailan las tasas de interés, el costo del crédito y los mercados.
 
Queda claro que entre los que bailan están la Argentina y las economías de los países emergentes, que es igual a decir nuevamente la Argentina. “Ya antes de asumir, Trump ha desparramado incertidumbre y expectativas complejas en el mundo de las inversiones”, dice alguien que hace años sigue los movimientos financieros.
 
Y para traer los problemas hacia acá, vale un número importante: durante el año que comienza, el Gobierno necesitará crédito en dólares por unos US$ 30.000 millones.
 
El sistema de instituciones e intereses norteamericanos contorneará los pasos de Trump, pero siempre el primer y serio problema habita en la Argentina. Remacha un analista: “No toca a todos resolverlos, basta con que quienes ocupan las primeras líneas empiecen a jugar el mismo partido. Los políticos y los que no son políticos”.
 
Diez meses hasta octubre parece mucho tiempo, sólo que esa no es la medida del tiempo electoral: hacia julio o agosto ya estarán rodando las intenciones de voto.
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