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El mayor desafío de Sergio Massa: no clavarle el aguijón a la rana en medio del río

El nuevo equilibrio de poder en el Gobierno no es obra de la casualidad. Es el producto de una red de confianza personal y política que comenzó en el 2016 entre el flamante ministro y Máximo Kirchner. ¿El diputado vuelve a la Presidencia del bloque del Frente de Todos?
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Por Nancy Pazos para Infobae | 

01.08.2022 09:25 | Cuando el 9 de junio del 2019 Alberto Fernández invita públicamente a tomar un café a Sergio Massa en medio de un set televisivo para invitarlo a sumarse al Frente de Todos, el flamante ministro de Economía ya llevaba 3 años compartiendo asados, cenas, mates y también cafés con Máximo Kirchner. El hermetismo y sigilo con el que se mantuvo esa relación durante ese largo tiempo fue parte de la prueba de fuego que sortearon ambos antes que el tigrense retornara a la coalición peronista.

Está claro que las casualidades son la excepción y no la regla en el kirchnerismo. Recién habían sido desplazados del poder y ya empezaban a buscar los vasos comunicantes para reconstruir el regreso. El primer encuentro fue un asado en Mercedes, en el campo de Wado de Pedro en los primeros meses del 2016. El macrismo recién empezaba a gobernar. Sergio y Máximo volvieron a encontrarse y a desandar un sinfín de desencuentros públicos (los dichos de Massa sobre la Cámpora de la campaña del 2015 se hicieron virales esta semana) en una charla que duró más de cinco horas. “Dijiste que la derecha me iba a usar y después me iba a descartar y tuviste razón”, reconoció Massa que había leído varios párrafos del libro Fuerza Propia, la Cámpora por dentro, de Sandra Russo, donde Máximo hablaba, entre otras cosas, del rol del líder del Frente Renovador.

Después de esa primera charlar siguieron casi tres años en virtual relación de amantes políticos. Reuniones siempre en secreto pero cada vez con más asiduidad.

Para el reingreso público y formal de Sergio Tomás al Frente de Todos, la dupla Kirchner-Massa ya estaba súper aceitada. Y vaya si se notó en el inicio del gobierno peronista. Llamaba la atención no sólo la hiperactividad conjunta en el Congreso sino la generosidad conque Sergio introducía a Máximo en los círculos del poder económico. Y el hijo fue obviamente la llave de ingreso a la madre. CFK sorprende a Massa en medio de una sesión del Senado, la última de diciembre del 2019 y lo convoca a su despacho mientras la reemplazaban en la presidencia. Fueron casi tres horas a solas.

La primera reunión de más de cincuenta que compartieron a lo largo de estos dos años y medio en el que la vicepresidenta y el flamante ministro fueron tejiendo no sólo confianza sino un sistema de discusión de puntos de vista que hoy está más que afiatado. Mientras Alberto huía torturado de las charlas con CFK, Sergio aprovechaba a tomar clases particulares de política, a ganar confianza y a su vez a enseñarle a Cristina a debatir con pares. Cosa a la que la vicepresidenta acostumbrada a ejercer el poder desde el vértice de la pirámide, no estaba para nada acostumbrada.

El grado de maduración de la relación de quienes hoy ostentan el poder real más allá de los formalismos -Cristina, Sergio y Máximo en este caso- es la mayor virtud de este tiempo de crisis y penumbras. Porque hay que decirlo con todas las letras. Hoy Massa no tiene ni tiempo de especular con el futuro. Toma una brasa caliente que lo llena de responsabilidad más que de oportunidad. Está claro que en términos estadísticos tiene más posibilidades de fracasar que de triunfar. Y si hay algo que lo corre es el reloj.

A esta altura está claro que lejos de negarse a que Massa ingresara al gobierno Cristina adecuó su estrategia a los tiempos de Alberto, sumó presión política a través de los gobernadores que el miércoles le dieron el ultimátum al Presidente y aconsejó unificar operatividad y poder. El golpe de gracia final lo dio el propio mercado. Que en esta oportunidad pareció jugar a favor de la vicepresidenta en su anhelo por lograr un recambio ministerial que fuera más allá de Silvina Batakis por Martín Guzmán.

Acorralado por la realidad más que por una persona en particular, el Presidente enarboló la bandera blanca y se entregó. El viernes 22 le pidió a CFK que fuera el sábado a almorzar a Olivos y por primera vez en casi tres años le preguntó cómo estaba viendo todo, qué proponía hacer y pidió ayuda.

“Me tienen que ayudar a reconstruir el poder Presidencial. Vos sos Cristina Fernández de Kirchner. Para vos es fácil para mí no…”, fue el reclamo de Alberto.

“Alberto. Cómo hizo Néstor con Duhalde? —empezó aconsejando la vicepresidenta— Primero gestionó y cuando pudo demostrar gestión recién ahí fue por el liderazgo. Es gestión, gestión y más gestión Alberto, es desde ahí…”, le sugirió Cristina incitándolo literalmente a ir por ella más adelante si logra que el Titanic no choque contra el iceberg.

En rigor —dicen quienes hablan con ella— CFK ve la situación tan crítica que cree que el Titanic está a punto de dar una vuelta de campana sin siquiera lograr llegar al iceberg. (Sic) Esta percepción es lo que hoy más acerca a CFK con Sergio Massa. Ella sabe que las condiciones del mundo y de la economía más el yugo del FMI, hacen incomparable su momento de gobernar con este. En las crisis los blancos y negros se transforman en grises. Y es en este gris donde hay más que coincidencias.

Como ya anunció por tuit Massa definirá entre lunes y martes su equipo y el miércoles anunciará un plan de shock, en principio de diez días, para básicamente cambiar las expectativas.

El domingo Máximo K, que permanece en consulta telefónica permanente con el futuro ministro, regresará a Buenos Aires con una misión. Ahora le piden que sea él el que vuelva a dejar las huellas marcadas. O a meter los pies en el plato. El posible regreso a la Presidencia del Bloque sería una muestra concreta que el kirchnerismo se juega en este tramo final del gobierno de manera clara y concreta.

Más allá que el virtual interinato en el bloque de Germán Martínez pasó más que desapercibido ante la parálisis del Congreso, y que su padrino político, el Chivo Rossi, que anhelaba la Jefatura de Gabinete terminó como el jefe de los espías, Cecilia Moreau como nueva Presidenta de la Cámara de Diputados necesitará también a Kirchner cerca.

Por lo pronto tanto Massa como Martín Insaurralde le pidieron que volviera. Faltaría quizás en lo gestual, que lo propio haga el Presidente. El retorno de Máximo más que un premio, sería posiblemente para él, tragar en algún punto aceite de ricino. Se auto eyectó de la Presidencia de Bloque negándose a votar el acuerdo con el FMI. Massa será su amigo pero no come vidrio. Y si bien sabe que Guzmán les “dejó un perno” en el acuerdo con el Fondo el tema hay que resolverlo. Y nadie imagina a Massa entrando en default.

Así que algún tipo de explicación deberá dar si vuelve para que en el imaginario colectivo no quede como que al final mas que por el FMI se fue por problemas personales con Guzmán.

Igual el acuerdo no será la primera prioridad de Massa. Primero porque tiene tiempo hasta los primeros días de septiembre para cerrar los números de la segunda revisión. Entre la segunda y la tercera recién podrá, llegado el caso, intentar una renegociación o amenazar con un default al estilo K.

El regreso está también ligado a que finalmente la mesa de decisiones políticas funcionará de facto. Los vasos comunicantes ya estuvieron a full en esta últimos días. Una vez más como en plena campaña del 19 Wado es el gran articulador. Por parte del albertismo en vez de Cafiero ahora el gran negociador es Juan Manuel Olmos. Su ingreso a la Jefatura de Gabinete en parte reconocimiento a su contribución a que la relación entre el Presidente y la vice no se tensaran de más (el también es de los que hablan con Cristina) pero también para asegurarse que la administración se agilice. Uno de los reclamos más enfáticos por parte de los gobernadores.

El miércoles todo este andamiaje empezará a funcionar. Alberto de alguna forma con este rediseño estará cumpliendo con una de los anhelos de Raúl Alfonsín quien en la reforma de la Constitución del 94 introdujo la figura del Jefe de Gabinete como la de un ejecutor que a su vez fuera fusible para preservar al Presidente de posibles crisis.

Para quienes ven desdibujado el rol de Alberto hay que recordar que si el Plan Massa sale mal es mas probable que salga primero eyectado Massa que Alberto. Al menos eso indica la lógica.

Pero si el plan de Massa sale bien o empieza a salir bien, Sergio Tomás antes que nada va a tener que cuidarse de sí mismo. No son pocos los que a pesar de su actual madurez política y su visible cambio de actitud, lo rememoran como el gran traidor. Massa como el escorpión de la fábula se sube en la espalda de la rana peronista-kirchnerista. Esperemos que pueda dominar sus instintos y para clavarle el aguijón espere llegar a la otra orilla. Si no se morirán los dos.
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